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-CUENTOS NAVIDEÑOS
UN SUEÑO DE REYES MAGOS
Los niños de nuestra historia relacionada con los Reyes Magos eran hijos del matrimonio Martínez. Eran como cinco angelitos, revoltosos, pero angelitos. Todos estaban entre uno y ocho años de edad. Hoy es poco habitual hallar familias tan numerosas. ¿Por qué...? Por fin, en el colegio, llegaron para los niños mayores las esperadas vacaciones de Navidad. La Navidad es esperada por todos, pero la esperanza es un patrimonio especial de los niños. También, para los menores cerró sus puertas la guardería.
Navidad es para estar juntos en familia. En casa, ¡vaya lío! Cuando no chillaba el uno, gritaba otro, o lloraba un tercero. Y si no, todos alborotaban a la vez. - ¡Harta, me tenéis harta! -gritaba desesperada la Sra. Martínez. Ya no sabía qué hacer para calmar a los niños. Tenía un largo repertorio de exclamaciones para estos momentos: -¡Estaros quietos!. -¡Esto es una casa de locos!. -¡Nos van a echar los vecinos!. -¡Vaya escándalo!. -¡No puede ser!. -¡Parece la guerra!. Pero luego, tras esta última exclamación, siempre pensaba arrepentida: "¡Ojalá todas las guerras fueran tan inocentes como ésta!" Llegó, como todos los años, la hora de escribir a los Reyes Magos. Como en Navidades anteriores, el encargado de expresar los deseos de los niños fue el mayor de los hermanos, Manolín. Y -con la recomendación de no poner faltas de ortografía-, actuaba en su encargo bajo la tutela y sugerencias de mamá. La carta -escrita en el papel adecuado que venden para tal fin- decía así:
"Queridos Reyes Magos:
Os escribo por todos mis hermanos. Ellos son más pequeños que yo y algunos no saben ni siquiera escribir. Mi madre dice que pedir no cuesta nada. Pero, también dice que no pida mucho, porque podéis enfadaros y no traer nada. Queríamos un balón de fútbol y otro de goma.
 También mis hermanas quieren dos muñecas. Dice mi madre que a los Reyes no hace falta encargarles ninguna marca, porque los Reyes lo sabéis todo. Y Serafín pide una bicicleta pequeña. Como mi hermano es "un trasto", la dejó en medio de la calle y se la pilló un coche. Ahora tiene las ruedas "como un ocho", y dice mi padre que no es posible arreglarla. Dice mi madre que no hable mal de Serafín. Y también dice que traigáis las cosas, ya se encargará ella de repartirlas. Bueno, si sois generosos, podéis traernos también un camión de juguete. Dice mi madre que no me olvide de poner ¡Feliz Navidad!". (Manolín).  La noche de Reyes es mágica para todos los niños. ¿Quién no tiene alguna noche de Reyes grabada en el recuerdo? Por lo menos, ¿quién no ha sido niño? ¿Quién no ha soñado alguna vez con esa noche...?. Los pequeños Martínez estaban más nerviosos que de costumbre. Apenas cenaron y no tenían ninguna prisa por acostarse. Era como si el sueño de todos los días -el mismo que siempre pesaba en los niños hasta dejar alguno dormido antes de ir a la cama- aquella noche no existiera.
Ya en la habitación de los niños, estaban sobre una alfombra preparados los zapatos. Aquella noche el calzado brillaban más que nunca. Eso les pareció a los pequeños. Sacaron esa impresión, porque, aquella noche, los zapatos fueron el objetivo principal de sus miradas. De todas formas, eran algo ciertas las impresiones de los niños. Los zapatos siempre habían estado brillantes, pero, para esta ocasión, la Sra. Martínez había puesto en ellos un toque muy especial.  Sin embargo, en tan buena disposición, la mamá, con el ajetreo del día, había olvidado de colocar junto a los demás zapatos el calzado del niño más pequeño.
Él no podía darse cuenta de esta ausencia, pues todavía no comprendía aquella situación. Los demás niños estaban tan fuera de sí con la ilusión, que tampoco advirtieron la falta. Los niños se empeñaron -con insistencia y todos a la vez- en dejar la ventana abierta. "¡Cómo se puede quedar de par en par la ventana una noche de enero! ¡Imposible!" -pensó la mamá temiendo que sus hijos cogieran un resfriado. - ¡Cogeríais catarro! Vale con que se quede abierta la persiana -exclamó la mamá. A causa de esta petición de los pequeños y, para tranquilizarlos, la Señora Martínez contó a sus hijos que los Reyes pueden traspasar paredes. Entonces Serafín -el más despierto de todos los hermanos- se acordó de una escalera para subir hasta la habitación (pues vivían en un tercer piso) y expuso la cuestión. Y la mamá -con la paciencia que sólo tienen las madres- les relató una historia de camellos que vuelan.
 - ¡Jo!, yo creía que los camellos tenían joroba, pero no tienen alas para volar -replicó Serafín al instante. - Bueno, vuelan sin alas -improvisó una contestación la mamá muy sorprendida, porque cuando refirió lo de los camellos voladores no había contado con la difícil cuestión que le iban a plantear sus hijos.
Pero siguieron las preguntas. ¿Y...? ¿Y...? ¿Y...? - Son Magos y se acabó, lo pueden todo. Y ahora a dormir, que para eso es la noche, y hasta el sol se acuesta -dijo la mamá con la cara más seria. De no haberse mostrado así de severa, sus hijos se habrían pasado la noche preguntando. Los niños estaban nerviosos. Sobre todo, a los hermanos mayores que se daban más cuenta de la situación, se les notaba una excitación especial. Aquella noche, tardaron en dormirse más de lo habitual. ¡Qué recuerdos!. Estoy seguro que esto mismo nos ha pasado a todos. Los niños querían ver, despiertos, a los Reyes. En esa ilusión consistía la ausencia de sueño. Pero, rendidos por el cansancio acumulado durante el día, se cerraron sus párpados a pesar de la resistencia y se durmieron. Entonces comenzó el bello sueño:
Entraron los tres Reyes Magos. Nadie sabe cómo ni por dónde penetraron en el dormitorio. Simplemente aparecieron. Eran los mismos del año pasado.
Por ellos no pasa el tiempo. Los Reyes no cambian. Traían las mismas vestiduras de sedas de colores con adornos de piel de armiño en sus capas. En sus cabezas lucían relucientes coronas de oro llenas de piedras preciosas incrustadas. Dos de ellos tenían barba blanca. El otro Rey era negro y parecía mucho más joven que sus compañeros. ¿Tal vez era la ausencia de barba quien le daba apariencia de juventud?
Todos los Reyes son simpáticos, pero de los tres, el negrito -como a todos los niños- también a ellos les inspiraba más simpatía. Hasta -recordando las palabras de la mamá-, a través de los cristales de la ventana y con las estrellas de fondo, vieron la silueta de la cabeza de un camello volador.
 Sólo el Rey Gaspar llevaba bolsa para distribuir los regalos y sacaba de ella cajas y más cajas. Parecía un saco mágico que nunca se vaciaba.
Sacó muchos más paquetes que regalos habían pedido los niños. Baltasar -el simpático negrito- pareció olvidarse de que era Rey Mago. ¿La razón de la apariencia del olvido?: Contaba por los dedos, como lo hace un niño que no entiende de cuentas. Lo hacía repetidamente. Sumaba una y otra vez, cual si no supiera contar o hubiera hallado un problema superior a su mente. Después, se llevó el índice a la boca para pedir de esta forma silencio al Rey Melchor. Y seguidamente, susurró unas palabras al oído de su compañero. Tampoco Melchor supo resolver aquella cuestión expuesta por Baltasar en la que ni siquiera había reparado. Gaspar, mientras tanto, seguía muy activo extrayendo cajas de su saco mágico.
Los dos desconcertados Reyes le llamaron inmediatamente por señas para consultar con él la dificultad. Como si hubieran descubierto algo grave, se pusieron a deliberar. Hablaban los tres Reyes muy juntos. Conversaban en voz baja y con las cabezas casi pegadas. Guardaron muy bien la quietud del dormitorio. Adoptaron las debidas precauciones para no despertar a los pequeños con su conversación. Por fin, hallaron una solución al problema. Pero... ¿qué pasaba...?: Simplemente ocurría que el Rey Baltasar había descubierto la existencia de un niño más que pares de zapatos. Los Reyes siempre tienen soluciones para todo. "Para eso son Magos" -les había dicho la mamá a la hora de acostarse-. Buscaron en su saco mágico una caja de zapatos nuevos, de por estrenar. Seguidamente, la dejaron con sumo cuidado en la alfombra junto a los otros calzados. Y después, desaparecieron misteriosamente. Nadie supo cómo se marcharon. Se fueron de la habitación de la misma forma que llegaron.

Los pequeños durmieron de un tirón hasta el amanecer. Así lo hacen todos los niños. ¡Qué suerte tienen! ¡Cuánto me agradaría a mí dormir así!. Despabilaron su adormecimiento a la mañana siguiente. Se despertaron un poquito antes de la hora de costumbre. Se ve claramente que aquella noche durmieron con una preocupación, con un deseo y con una esperanza... Y, cuando despertaron, poco después del amanecer, -llenos de ilusión e intensa emoción- dirigieron inmediatamente sus ojos hacialos regalos.
Allí, sobre la alfombra, estaban todos los juguetes metidos en sus cajas envueltas en papel de regalo y adornadas con lazos de colores. Y también, también estaban los zapatos nuevos para atestiguar todo lo sucedido esa noche.
Los niños nunca olvidarán su sueño. Porque, soñar es tan bonito y necesario que, a veces, nadie querría despertarse, o, por lo menos, cualquiera desearía que sueños tan bellos como éste de los Reyes Magos tuvieran lugar todos los días...

Por Miguel-A. Cibrián, paciente de Ataxia de Friedreich.
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DUBA, EL ÁNGEL NEGRO
| Duba es un ángel negro que ha llegado hace muy poco al cielo. Se acerca una fecha muy señalada y necesitan un voluntario para viajar hasta la tierra. El se ofrece para llevar a cabo una delicada misión Duba había nacido poco antes de que una banda de ladrones de ganado atacara el poblado. El ataque duró sólo unos minutos, pero fue tan despiadado y cruel que ninguno de los habitantes de aquel poblado logró salvar la vida. Ya en el cielo, Duba oía hablar a los ángeles de las bonitas experiencias vividas en la Tierra cuando realizaban misiones especiales. Él, siempre al margen y silencioso, intentaba imaginar la belleza de la tierra, la generosidad y la cordialidad de sus gentes. Pero sus intentos eran vanos. Lo único que podía recordar era la sonrisa de su madre al verla por primera vez y la oscuridad. Duba pensaba que era injusto lo que le había ocurrido.  Merecía otra oportunidad para sentirse vivo y descubrir los encantos y las maravillas de la tierra. Un día en el cielo se estaba buscando un voluntario para ir a la Tierra y guiar a los Reyes magos desde Oriente hasta la ciudad de Belén. Iba a nacer un niño muy especial. Sin dudarlo ni un momento, Duba se ofreció como voluntario. Los demás ángeles se rieron de él. Era pequeñín, no sabía cabalgar sobre las estrellas, no conocía ninguna de las lenguas terrestres . Le llamaban “Chocolatín” debido al color de su piel. Pero Dios-padre, que ve con los ojos del corazón, no dudó en elegir a Duba. .gif)
El momento llegó. Se subió a una estrella y descendió hasta la tierra. Cuando ya estaba acercándose a su destino, la estrella se paró de repente. El parón fue tan brusco que Duba cayó en picado. Ya contaba con un doloroso aterrizaje, pero la suerte de los principiantes. Fue a hacer sobre el lomo suave de una oveja. Los pastores se acercaron con mucha precaución. Se aproximaron tanto que Duba podía sentir el calor de su aliento. Recuperado del susto y medio tartamudeando les dijo: -Queridos Reyes Magos, debéis ir a Belén y adorar al niño que ha nacido. Es el Hijo de Dios. La estrella que allí veis, os guiará.  El pánico se apoderó de los pastores. Ni eran reyes ni magos. Pensaban huir corriendo, pero en ese momento algo les dejó fuera de sí. Los ángeles del cielo comenzaron a cantar: -Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad. Aquel canto convirtió su miedo en alegría y confianza. El temblor de sus rodillas cesó. Sin pensarlo recogieron sus cosas, cargaron a Duba en sus hombros y se dirigieron a Belén siguiendo el rastro de la estrella. Cuando las estrella se detuvo, vieron en un portal a José y María con su hijito. Los pastores descargaron sus fardos y les ofrecieron pan, leche y suaves pieles para arropar al niño. 
Duba se emocionó viendo la generosidad de los pastores y la escena que contemplaban sus ojos. Pero cuando más ensimismado estaba, un hilo fino y casi invisible le cosquilleó la nariz. Duba lo agarró. Era tan suave y delicado como el hilo de una telaraña, pero era lo suficientemente fuerte como para elevarlo de nuevo a las alturas. .gif) De regreso al cielo, temía que Dios-Padre le regañase por haber confundido a los pastores con los Reyes Magos. Pero su temor era infundado, ya que un ángel experimentado había guiado a los Reyes Magos hasta Belén. Cuentan las crónicas celestiales que cuando las almas de los pastores llegaron al cielo, lo primero que hicieron fue preguntar por el angelito que les había confundido con los Reyes magos. Gracias a su error, ellos habían sido los primeros en adorar al Niño y en ofrecerle sus humildes regalos. Se sentían tan agradecidos y orgullosos, que cuando vieron a Duba le abrazaron con gran alegría y le dijeron: -Gracias a ti hemos comprobado que los más pobres y humildes para los hombres son los privilegiados para el Padre. 
Y se fundieron en un fuerte abrazo. 
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REFLEJOS DE LUZ
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TE REGALO MI ÁRBOL
 Yo quiero en esta navidad, poder armar un árbol dentro de mi corazón y colgar en él, en lugar de esferas regalos y adornos, los nombres de mis más queridos amigos, familia, y gente a quien amo, los que viven lejos y los que viven cerca, los antiguos y los más recientes.  Los que veo todos los días y los que raras veces veo, lo que siempre recuerdo y los que a veces olvido, los de las horas más difíciles, y los de las horas intensamente felices!, los que sin querer me hirieron, aquellos que conozco profundamente y aquellos que conozco poco, mis amigos humildes y mis amigos importantes.  Los que me enseñaron valiosas enseñanzas y los que tal vez un poquito aprendieron de mi, quiero que este árbol tenga raíces profundas y fuertes !para que los nombres de mis amigos, familia y seres queridos nunca jamás sean arrancados de mi corazón, y que sus ramas se extiendan gigantes! para colgar otros nombres que venidos de todas partes se junten con los existentes, un árbol de sombra agradable, para que nuestra amistad, amor confianza y cariño sea un momento de reposo en la lucha diaria de la vida, quiero que el espíritu de la Navidad haga de cada deseo la más hermosa flor! de cada lágrima una sonrisa! de cada dolor la más brillante estrella!  Y …Por si hiciera falta, este poema que a cada uno regalaría con cierto orgullo: Navidad Sueño de noche ilusionada Escape de niños agitados Romance de estrellas en la nada Amor brotando de las manos Navidad Un millón de sonrisas infantiles Pureza de rostros asombrados Guirnaldas de dulces bendiciones En un mar de recuerdos anidados Navidad Brazos extendidos hacia el cielo Como pidiendo por favor que este Año Que este Año… Sea el nuestro. Fin 
Te regalo mi árbol. Julio Casati, escritor y locutor argentino.  FELIZ AÑO 2012
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FELIZ NAVIDAD.... CUENTO NAVIDEÑO
| Érase un barrio nuevo de Madrid, en las Navidades de 1988. Érase una moderna autopista que dividía el barrio en dos partes. En una, se alineaban unos bloques de pisos blancos, de modernísima construcción, todos con sus antenas de televisión en color.  En la otra, había un conjunto de chabolas.  Era la noche del 24 de diciembre. Por la calle no se veía a nadie, porque todos se disponían a cenar. En casa de los señores… Bueno, ¿qué importa el nombre? El caso es que vivían en los pisos blancos, y estaban a punto de empezar a cenar. La madre preparaba la vajilla. Junto a la mesa había tres niños agachados que rodeaban un hermosos nacimiento.
 -¡Mamá! –gritó Mari Carmen, la pequeña de la casa, que tenía siete años- ¡Mira que bonito es el Niño Jesús! Lo hemos comprado esta mañana. Tiene la carita dorada. -Sí, hija, pero no me distraigas ahora. Estoy muy ocupada poniendo la mesa. ¿Por qué no le cantáis villancicos al Niño Jesús?. Los tres empezaron a cantar.  El padre sentado en un sillón y apurando su pipa, los contemplaba embelesado. En ese momento sonó el timbre de la puerta. Los niños dejaron de cantar y la madre fue a abrir, con un gesto de malhumor. -¡Vaya! ¿Quién será a estas horas? ¡Es que no le dejan a uno vivir en paz! En el umbral de la puerta se dibujaba una pequeña silueta. Era Luis, un niño de once años, que la familia conocía de verle por la calle. Tenía la cara pálida a causa del frío, pues no llevaba apenas ropa, pese a que estaba cayendo una nevada bastante regular. Su mirada suplicante, lastimosa, triste, no tenía nada que ver con la fiesta que esa noche se celebraba.  No hace falta decir que Luis vivía en una de las chabolas del otro lado de la carretera. -Buenas noches, señora.. –saludó con voz temblorosa. -¿Se puede saber qué quieres a estas horas? –preguntó ella, no con mucha amabilidad. -Es que… verá usted. Mi madre está muy enferma, y no tenemos nada para cenar esta noche. Mis hermanos pequeños están llorando y mi madre me ha dicho que viniera aquí, porque como ustedes son tan buenas personas…  -¡Claro! Como somos muy buenas personas te daríamos cena para todos ¿verdad? –le interrumpió la señora, cada vez con un tono más agrio. -Sí, señora… -contestó el chico con mucha vergüenza. Mientras oía esta conversación, Mari Carmen jugueteaba con al figura del Niño Jesús que tanto le gustaba. Su madre mientras decía: -¿Y no le da vergüenza a tu madre molestar a las familias honradas, como nosotros?¿Es que tu padre no se puede ganar la comida como hace todo el mundo? -Señora, mi padre no está en casa esta noche. Esta mañana han venido unos guardias y… y… -¿Y qué? -Y se lo han llevado a la cárcel. -¡Claro! Si ya sabíamos que era un golfo. ¡Así tenía que acabar! -¡Mi padre no es un golfo! –gritó el chico- ¡Es mentira!. -¡Ah! ¡Encima me vas a gritar? ¡Fuera de aquí! Sois una familia de ladrones… Tu padre igual que tu madre. -¡No es verdad!. El niño bajó la cabeza. Su rostro reflejaba dolor, vergüenza y rabia a la vez. Cuando la volvió a levantar, la puerta se había cerrado ante él. Estuvo así uno segundos. Luego comenzó a bajar lentamente las escaleras.
 Fuera seguía nevando. El frío era muy intenso. Pero él casi no lo notaba. Su mente infantil estaba llena de pensamientos tristes. Pensaba en su madre enferma, en su padre, en sus hermanos… Iba a cruzar la carretera, pero no veía nada, pues tenía los ojos anegados de lágrimas. Mientras en el piso, la familia ya estaba cenando. La pequeña preguntó: -Mamá, creo que te has comportado mal con Luis.
 -No pienses en eso Mari Carmen. Son personas malas que además de todo lo que hacen vienen a molestar a la gente honrada. Tú, cena y no te preocupes. La niña siguió cenando, pero no quedó muy convencida. En ese momento, se oyó en la calle un frenazo y un golpe seco. El padre comentó: -Esos chalados… ¡Hasta en Nochebuena corren como locos!  Tras ese comentario la cena siguió con normalidad. Después comieron, vieron la televisión… A la hora de acostarse, la niña fue a despedirse de “su” Niño Jesús. Pero… -¡Mamá! ¡Papá! ¡El Niño Jesús no está…! ¡Y su cunita tiene manchas de sangre! Todos rodearon el Belén. Lo que la niña había dicho era verdad, y no acertaban a comprender qué había ocurrido. Quizá lo habrían podido entender si se hubieran asomado a la terraza. Habrían podido ver que sobre la calzada yacía el cuerpo sin vida de un niño de 11 años, que se llamaba Luis. Había cruzado sin mirar y un coche lo había atropellado. Ese año, del nacimiento de Jesús a su muerte en el calvario habían transcurrido sólo unos segundos. Sí, porque cuentan los que le recogieron que, junto a su cuerpo, encontraron la figura de un Niño Jesús ensangrentada. Pero dejemos de hablar de las chabolas, del Niño Jesús, de los pisos nuevos, de la autopista, de Luis, de Mari Carmen, porque todo esto no es nada más que un cuento, ¿verdad? ¿O quizás es algo más que un cuento de Navidad y todos los años el Niño Jesús muere en chicos como Luis…?
 | REFLEJOS DE LUZ
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EL HADA DE LA NAVIDAD
 | | Esta historia ocurrió en Belén, justo el día en que nació el niño Jesús:
Muchos eran los seres mágicos que se engalanaban para asistir a un evento tan importante.
Los unicornios hacían brillar sus cuernos, el fénix lucía un hermoso color rojo, los ogros parecían menos ogros, los duendes se vestían con preciosos trajes verdes, las hadas ayudaban a los pastorcitos a arreglar al ganado y a los árboles a adornarse con bellas flores. Los Reyes Magos eran ayudados por los elfos a cargar los camellos de Melchor, los caballos de Gaspar y el elefante del rey Baltasar. Las sirenas inventaban bellos villancicos.
 Sin embargo, había un pequeño ser que no embargaba tanta alegría. Era una pequeña niña, del tamaño de un pulgar, que lloraba triste en el arrollo. El ángel que anunciaría el nacimiento del niño Dios, la oyó llorar y le preguntó:
-¿Que te pasa, pequeña?, ¿por qué lloras tan desconsolada?  Y la niña le contestó:
- Dios me encargado que le busque un regalo para el niño y no sé que puedo hacer. No tengo magia, no sé volar, no puedo hacer nada.
- Si Dios ha confiado en ti, es porque puedes hacerlo.- Le contestó el ángel.  La niña sonrió y dijo:
- Aunque nada soy, corazón tengo y prometo que intentaré hacerle un regalo al niño.
El valor y la voluntad que vio el ángel le conmovió y le regaló a la niña una de sus plumas . Cuando la niña la cogió, la pluma desapareció y le brotaron dos preciosas alas.  Merina, que así se llamaba la niña, echó a volar muy contenta y los brillos que salían de sus alas, se convirtieron en estrellas. Así pues, un hermoso cielo estrellado, se iluminó justo cuando nació el niño.  No contenta con esto, el hada fue a buscar un cascabel y un palito y con su nuevos poderes mágicos los convirtió en un juguete para el niño: su primer sonajero. Este nuevo juguete sirvió a Maria para entretener al niño, cuando el pequeño Jesús lo agitaba, salían miles de estrellas. Y con ayuda de los demás seres mágicos, adornaron todos los pinos del lugar con guirnaldas y bolitas de colores.
 Así pues, todos los seres mágicos y no mágicos, adoraron al niño, le dieron sus regalos, y bautizaron a aquella niña con tanta voluntad, como el Hada de la Navidad. Ella es la que se mete en el sueño de los niños, regalándoles dulces cuentos, y la que cuida y protege a todos los niños del mundo.
 Es la protectora y la que, convertida en estrella, guía todos los años, a los Reyes Magos, casa por casa, donde hay niños.  Por: Miren Sagrario Vidondo Pérez.
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MI SUEÑO DE NAVIDAD
La noche tenía un Cielo brillante. Las estrellas habían salido en alegres grupos para iluminarlo y advertir y precisar ante los habitantes de la tierra que era la víspera de la Navidad, por lo que nadie podía tener amarguras, ni peleas, ni guerras. Se acercaba el Nacimiento de Jesús, la mejor noticia que el Mundo iba a recibir por los siglos de los siglos. 
Era, en cierta forma, el mensaje de paz que la Madre Naturaleza lanzaba, en una estación invernal, a un mundo convulsionado por las guerras, por los espíritus belicosos, por los hombres que habían olvidado que muy jóvenes, desde su nacimiento, habían creado un núcleo denominado Familia, que con el paso de los años se estaba desintegrando, con lo cual los grandes valores morales y éticos, dolorosamente, se escabullían.  También ese Cielo tan preciosamente iluminado quería despertar la conciencia de tántos y tántos jóvenes -hombres y mujeres- sumidos en la más tremenda oscuridad porque una vez, pese a las numerosas advertencias, ingresaron en el mundo de las drogas. Y a muchísimos les costaba salir luego de ellas. Y, generalmente, pasaban a convertirse en delincuentes porque su adicción les obligaba a matar o a robar.  El Cielo quería con esa luminosidad indicar el camino para quienes son causantes de las grandes epidemias que, como el Sida, van extendiéndose por el mundo, y señalarles que, con mínimas precauciones, podían evitar su propagación y no seguir siendo la causa de miles y miles de muertes. 
Quería también el Cielo, rodeado de estrellas que se mantenían firmes y no eran fugaces, dar una luz de esperanza para millones de personas víctimas del racismo y la xenofobia, por el color de su piel, por su procedencia, por su condición ecónomica débil, para que tuvieran un hálito de paz y pensaran que un día no muy lejano serían bien recibidos y desaparecerían todas las persecuciones, los malos y despectivos tratos, las mofas y podrían trabajar y establecerse en países que no eran los suyos para ayudar a crear riquezas y poder subsistir decorosamente.  La víspera del Nacimiento del Niño Dios, un Cielo tan resplandeciente, pretendía indicar que todas las religiones eran igualmente respetables y que en nombre de ninguna de ellas se podía incitar al crimen, al terrorismo, a la violencia porque, precisamente Dios, creó al mundo para que la gente se entendiese mediante la palabra.  Desde miles de kilómetros de distancia, el Cielo ofrecía a la vista un hermoso panorama, como queriendo decir que iban a desaparecer las desigualdades sociales; que los hombres y mujeres de buena voluntad contarían con los recursos indispensables para su supervivencia y que la pobreza y la miseria pasarían a ser elementos de un lejano pasado. Así se conseguiría que la felicidad fuera la norma general , que ya nadie pasaría hambre, que todos contarían con una vivienda digna, con eficientes sistemas de salud y de educación, sin prejuicios sociales ni discriminaciones.  En fin, ese conglomerado de estrellas no se había asomado al Cielo para darle un simple colorido. No. En cada uno de sus reflejos luminosos traía un mensaje específico para que se acabaran las guerras; para que la familia volviera a ser ese gran núcleo compacto donde predominase el diálogo, como símbolo de unidad; para que desapareciesen las pandemias, causantes de tántas muertes; para que no hubiese nunca más las drogas malignas y se eliminaran para siempre las redes de narcotraficantes; para que el blanco, el negro, el amarillo y todas las razas convivieran pacíficamente ayudándose unas a otras; para que todas las religiones se uniesen en un sólo objetivo de ser auténticas guías espirituales y, en su nombre, no volviesen a aparecer vientos bélicos; para que en todo el mundo las divergencias, las diferencias entre los seres humanos encontraran la solución mediante el diálogo. 
Todo esto lo soñé con una extrema felicidad, con el orgullo de pertenecer a una raza humana que había encontrado, sin vacilaciones, por fin, el camino amplio de la confraternización; el Cielo parecía decirme: "goza bien de esta noche, que a lo mejor nunca se repetirá. Pero cuando despiertes trata de convertirte en una adalid de las buenas y nobles causas. Debes formar causa común con tu familia, con tus amigos, para que todos, como una sóla persona, procuren hacer el bien". 
Pero, desafortunadamente todo era un sueño. Tuve que despertar y encontrarme con la realidad, con esa cruda realidad, que muchas veces, con gesto dolorido, remueve las entrañas ante tántos hechos dolorosos, tristes, injustos y amargos que se viven a diario Durante la noche la lluvia y la nieve se habían entremezclado y el Cielo había estado permanentemente a oscuras. Mi mente había ideado un mundo digno. Un mundo construido para el ser humano. Un mundo, sin embargo, destruido por el propio ser humano, debido a su egoísmo, a no saber alejar de su corazón las malas obras y la cizaña y por tener abierta su mente y su pensamiento para el mal cerrándole todas sus puertas al bien. 
Guillermo Tribín Piedrahita
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