Érase una vez una joven renacida a quien el destino situó frente a una entrada en el bosque donde había una mesa con un mantel de algodón y una taza de café humeante. Aunque la mesa estaba en el suelo, parecía que estuviera suspendida en el aire pues un halo de luz profunda y luminosa la rodeaba y la transformaba en etérea y ligera.
La joven no pudo resistir la tentación de sentarse a la mesa y tomarse esa deliciosa taza de café. Cuando lo hizo, se vio envuelta en su propia luz del alma la cual era rodeada a su vez por un arco iris de colores. Miles de hadas presenciaban la escena. Sin duda, la joven había accedido al reino de las hadas y la mesa y la taza de café habían sido la puerta de acceso a la dimensión hadada.
La joven no pudo resistir la tentación de sentarse a la mesa y tomarse esa deliciosa taza de café. Cuando lo hizo, se vio envuelta en su propia luz del alma la cual era rodeada a su vez por un arco iris de colores. Miles de hadas presenciaban la escena. Sin duda, la joven había accedido al reino de las hadas y la mesa y la taza de café habían sido la puerta de acceso a la dimensión hadada.

















